Viendo las nubes pasar

Acostado junto al muro del patio puedo fácilmente ver el cielo. Este mes de enero es de un azul intenso y claro. El sol pálido y manso camina sobre el mundo de la casa. Un fresco entra por las ramas del limonero.

Con una enorme calma en los ojos contemplo las nubes, al verlas su paso lento trae una dulce calma hasta mi ser.

Una nube teñida de carmín asemeja el rostro de una amiga niña de la infancia. Un poco más allá, de un cúmulo de algodón se ha formado un oso polar. Con estas visiones de las nubes, veo magnificas creaciones, circos, elefantes, gitanas, un sin fin de criaturas que recrean mi existir.

Mi madre ahora viaja hacia mí con todos ellos, yo extasiado solo contemplo con gran dicha.

Contacto: oloresdepomarrosa@gmail.com

sábado, 11 de octubre de 2014

Cuando vi esa nube supe que todo estaría bien. Era una nube obesa y resplandeciente. Se veía mucha luz saliendo  o pasando a través de ese algodón celestial. Pienso, muchas veces en si pudiéramos comer nubes. Y si pudiéramos  ¿Cuál sería su sabor? Tengo una amiga que dice que saben a hielo. Yo no creo eso, no. Una nube tan gordita como esa que vi seguramente tiene sabor a tocineta. Eso me hace pensar en mordisquear esas condensaciones. Yo también pienso que de las nubes sale leche. 
Pero les contaba que cuando vi esa nube color rosa todo se hizo rosa dentro de mi ser y una sensación de paz me abrigó ese día.









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